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Historias de Reportero
Operación Cisne Negro. Cómo recapturaron a El Chapo Carlos Loret de Mola Álvarez
11 de Enero 2016 09:58 A.M.
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Esta semana, la mitad del grupo de élite de la Marina que capturó en febrero de 2014 a El Chapo Guzmán se despidió de sus familias. Les habían dado permiso para pasar Navidad y Año Nuevo con los suyos porque planeaban para el arranque de 2016 una segunda embestida —esperaban que fuera la definitiva— para aprehender de nuevo al líder del Cártel de Sinaloa. Le llamaron Operación Cisne Negro.

La primera embestida sucedió hace tres meses: con apoyo tecnológico de parte de tres agencias del gobierno de Estados Unidos (CIA, Marshalls y DEA), ayudados de manera muy importante por el Cisen y respaldados estratégica y operativamente por su propia área de Inteligencia Naval, llegaron de sorpresa en helicóptero hasta Cosalá, Sinaloa, en el Triángulo Dorado, donde ese estado hace límite con Durango y Chihuahua.

Ahí, El Chapo, con un equipo encargado de su seguridad y otro para atender sus necesidades, había instalado un austero campamento de cabañas de madera con drenaje, agua potable, electricidad y televisión satelital. Según informantes oficiales en los que se basa toda esta columna, Joaquín Guzmán Loera supo del ruido de los helicópteros con quince minutos de anticipación y emprendió la huida a pie por peligrosas laderas y despeñaderos.

Los elementos de Marina no podían aterrizar. No lo permite el terreno en toda esa zona, por eso por décadas ha sido escondite de los más peligrosos narcotraficantes. Por tierra es tardado llegar y además la población quiere mucho a los capos locales y al detectar cualquier movimiento inusual les avisa.

Desde el aire, un francotirador de la Marina tuvo en su mira a El Chapo. Pero el capo de Sinaloa usó un escudo humano: había abrazado a la hija de su cocinera y corría con ella, sin disparar él ni alguno de los suyos. Jalar el gatillo era matar a El Chapo… y a la niña. No disparó. El Chapo escapó en lo más denso de la sierra, muy lastimado de la pierna y raspado en otras partes del cuerpo. Un doctor lo visitó para curarlo.

Pasó el tiempo. Con las herramientas tecnológicas, Marina y Cisen detectaron que al más buscado le gustaba chatear con un emisario que distribuía sus instrucciones. Ante la imposibilidad de capturarlo en la sierra, decidieron cambiar de estrategia: generarle la percepción de que podía bajar sin peligro a una zona urbana, donde no goza de las ventajas de la montaña.

Lo hizo. Según testimonios oficiales a los que tuve acceso, lo ubicaron en una casa de la céntrica colonia Scally de Los Mochis, Sinaloa. Al ir por él, se registró un enfrentamiento cuyo saldo se informó en un boletín: cinco narcos muertos, seis detenidos y un marino herido.

En medio de la reyerta, el capo echó mano de su especialidad: se escapó por un túnel que conectaba al drenaje, emergió de las alcantarillas, con sus secuaces robó un vehículo y se trasladó al cotizado hotel “de paso” Deux, a las afueras de la ciudad. Para que las autoridades no detectaran el coche robado —y supieran dónde estaban—, el clan consiguió que una grúa se lo llevara de ahí.

Pero le cayó la treintena de marinos de élite que lo capturaron en febrero de 2014, los mismos que casi le disparan en octubre de 2015, ya para ese momento con cierto apoyo de la Policía Federal.

Y agarraron a El Chapo. Por tercera vez.

historiasreportero@gmail.com

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