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Jaque Mate
26 de Febrero 2016 10:09 A.M.
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“El tenis es una combinación perfecta de acción violenta en una atmósfera de total tranquilidad”

Billie Jean King

Acapulco— Primero una confesión. No juego tenis desde hace muchos años. Cuando a los 15 mi hermana Rosario, tres años menor que yo, me venció con facilidad me di cuenta que la raqueta no era mi camino profesional. Eso no significó, sin embargo, que dejara de interesarme en el deporte. Durante décadas he sido público cautivo por televisión de los principales torneos. En su momento fui fanático de Bjorn Borg, Guillermo Vilas, Gabriela Sabatini (por razones más allá de las estrictamente tenísticas), Roger Federer, Maria Sharapova, Serena Williams, Rafael Nadal y muchos más. Por otra parte, en los últimos años me he acostumbrado a ir al Abierto Mexicano de Tenis en Acapulco. Es uno de mis momentos del año más esperados. Ya soy parte del activo fijo.

Quizá no es el mejor tenis del mundo. El MexTenis es un torneo 500 dentro del escalafón de la ATP, la asociación que regula el deporte profesional a nivel global. Es sin duda el mejor de Latinoamérica, pero a mucha distancia de los torneos 1000 y por supuesto de los cuatro Grand Slam. Este año los sembrados en primero y segundo lugar, el español David Ferrer y el japonés Kei Nishikori, cayeron en la misma tarde-noche del miércoles. Quizá por el calor y la humedad, no es inusitado que los favoritos sean derrotados en las primeras rondas.

Ningún otro torneo, sin embargo, tiene a Acapulco como trasfondo, ni la facilidad de que el torneo se lleve a cabo junto al hotel sede, el Princess, en el que espectadores y jugadores se mezclan de manera cotidiana y despreocupada en pasillos y restaurantes. Quizá el cambio de la arcilla a las superficies plásticas fue un golpe duro para mí, pero éste sigue siendo uno de los torneos más agradables del planeta.

Aquí en Acapulco me tocó hace años ver a un joven español de 19 años llamado Rafael Nadal convertirse en sorprendente campeón y empezar una meteórica carrera a los primeros lugares del ranking. En las canchas he visto numerosas batallas épicas que me ratifican en mi gusto por presenciar este deporte de las raquetas y las pelotas.

Una escapatoria a Acapulco a fines de febrero tiene sus bemoles. Poca gente entiende que uno se tome dos días en una época de intenso trabajo para ver tenis. Supongo que me siento siempre un poco culpable. Poco importa que no me tome vacaciones en Navidad para tratar de justificar o compensar estos días. Hubo un tiempo en que me traía mi programa de radio y transmitía desde aquí para sentirme mejor, pero cuando te levantas a las 4 de la mañana se te cierran los ojos en el juego de las 10 de la noche. Ahora procuro no preocuparme y tomo las llamadas o respondo el correo sin pensar que, formalmente, estoy de vacaciones.

El MexTenis es ejemplo de un evento bien montado Demuestra que en nuestro país se pueden organizar competiciones de clase mundial, aunque con ese toque mexicano que hace las cosas más divertidas. Subraya el hecho de que el tenis mexicano se ha rezagado de sus niveles de los años sesenta o setenta, pero ésa es una realidad que compete a otras esferas. Recalca, por otra parte, que a pesar de la crisis de inseguridad Acapulco continúa con su vida turística cotidiana.

Escribo estas notas con el mar enfrente. Sé que en la tarde me dirigiré al área de canchas y veré dos o tres partidos. En medio de los gritos de esfuerzo tan característicos del tenis, me queda claro que los humanos inventamos los deportes para tener algo de la adrenalina de los combates de otros tiempos sin el sufrimiento humano que los acompañaba. Esta tarde mi mayor preocupación será buscar a un favorito, ya que Ferrer se dejó eliminar.

La máxima casa

Un pequeño grupo de entre siete y 10 encapuchados colocó ayer barricadas en el campus de la UNAM, quemó un auto del servicio de vigilancia y se atrincheró en el auditorio Justo Sierra, el cual lleva años tomado. Ninguna autoridad se atrevió a intervenir. ¿Ésta es realmente la máxima casa de estudios del país?

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